¿SERA EL OTOÑO DEL 2017 CONFLICTIVO?

¿SERA EL OTOÑO DEL 2017 CONFLICTIVO?

¿Otoño caliente?

Este va a ser el cuarto año que la economía crezca el doble que la Unión Europea. Y no es una casualidad. Por más que la izquierda y algunos sedicentes economistas y expertos atribuyan el protagonismo de una ejecutoria tan brillante a la política expansiva del Banco Central Europeo -que ha jugado un papel esencial- y al precio tan confortable de las materias primas, con el objetivo principal de escamotear los méritos de la derecha en el poder, lo cierto es que el Gobierno puede presumir de haber sido un actor relevante en la salida de la crisis y en el empuje consecutivo de crecimiento.

El dramático saneamiento del sistema financiero ha inyectado oxígeno en la banca, que ha recuperado su papel impulsor de la comunidad de los negocios. Pero nadie sensato tiene duda de que la reforma laboral ha sido la clave para dejar atrás la recesión y la pimienta de la reactivación posterior. La liquidación de la negociación colectiva tal y como la conocíamos, permitiendo a empresas y empleados negociar directamente las condiciones laborales, ha sido crucial. Es, ni más ni menos, la reforma que se propone copiar literalmente el presidente Macron en Francia a fin de sacudir la rigidez que impide la mejora de la productividad y de la competitividad del país vecino, justo la que lleva ganando España desde 2014.

«Podemos tener otros dos años realmente muy buenos para el país», dice en el último número de Actualidad Económica que ya tienen en el quiosco Ignacio Garralda, el presidente de Mutua Madrileña, la mejor empresa para trabajar de 2017, según el ránking exclusivo que elabora cada año la publicación. Aunque carezco de sus conocimientos y facultades predictivas, no estoy tan seguro. Hay algunos signos de incertidumbre que no cabe minusvalorar. Uno de ellos es la repentina e intensa apreciación del euro, que de consolidarse perjudicaría la fortaleza de las exportaciones y el mantenimiento del superávit por cuenta corriente, quizá el dato más sorprendente de este tiempo, por su duración y por los efectos siempre benéficos que despliega.

El segundo elemento de inquietud es un escenario político que, una vez aprobado el techo de gasto y encarrilados los Presupuestos para 2018, no va a permitir las transformaciones que serían cruciales para consolidar el escenario virtuoso que el país requiere para mitigar con rapidez una tasa de paro todavía obscena.

Profundizar en la flexibilidad laboral, reinstaurar la unidad de mercado cuestionada por el Tribunal Constitucional e impulsar legalmente el tamaño de las compañías son asuntos urgentes. Pero el Partido Socialista y los nacionalistas tienen otras prioridades, y los sindicatos, también. Estos han decretado que «si no se suben los salarios, el conflicto está servido» en este otoño incipiente y turbio. «Ponte a 1.000 euros». Este es el lema delirante de la campaña con la que UGT postula un salario mínimo digno. Yo pienso que, más que digno, es insidioso para los que ahora, gracias a la reforma laboral, tienen expectativas fundadas de encontrar un empleo.

FUENTE: EL MUNDO.

AFELIN.

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