El sarampión de los grafitis no encuentra medicina

El sarampión de los grafitis no encuentra medicina

Nada más atravesar el arco de la plaza María Pita hacia la Ciudad Vieja al viandante le espera a su izquierda el dibujo en rojo de un espray de grafitero. No es más que una pintada pero el lugar y el motivo elegidos son un aviso de lo que espera a partir de ese punto: una ciudad-lienzo de artistas de dudoso gusto.

Lejos queda Mayo del 68 cuando el ingenio de muchas pintadas, al menos, arrancaban una sonrisa. Ahora no. El museo del sinsentido en que se han convertido los edificios de la Ciudad Vieja son un cúmulo de manchones policromados y en el que los únicos mensajes textuales insinúan que los nuevos gamberros incorporan caligrafía de médico. «Levamos así moitos anos, o problema é principalmente de quen pinta, logo de quen non multa, pero tamén habería que mirar quen vende ese botes de pintura, eses tamén se lucran», explica Ángel Blanco, un vecino que pasea con frecuencia por esta zona.

Aquí cuesta encontrar una rúa virgen de grafitis. Los artistas (tómese con ironía) abusan de las calles más estrechas y con menos tránsito de coches y personas. En alguna pared de la calle del Príncipe cuesta adivinar el color original, o Santa María, junto a la colegiata. Aquí mismo la puerta del garaje es un pésimo homenaje a Kandinsky, igual que en otro de la calle Tabernas, donde el portalón metálico está salpicado de ¿dibujos?

Y desde principios de marzo de este año, la entrada de la Real Academia Galega y Casa-museo Emilia Pardo Bazán recibe a los visitantes con una pintada -esta sí, muy legible- de apología del femenismo mal entendido (las formas ahogan el mensaje). «Os primeiros días á xente chamáballe moitísimo a atención, agora xa se acostumaron, pero esperemos que as limpen pronto», explica el conserje de la institución. A pocos metros, en la piedra de la iglesia de Santiago (siglo XII) se lee un mensaje similar.

La empresa municipal borra en toda la ciudad unas mil pintadas al año

Cespa es la empresa encargada de la limpieza en la ciudad de A Coruña y, por lo tanto, de eliminar periódicamente las pintadas. Estiman que la media anual es de alrededor de mil. En principio, la compañía solo tiene competencia directa sobre los edificios públicos y el mobiliario urbano de competencia municipal. De este modo, la limpieza de los numerosos garajes afectados en toda la ciudad debe correr a cargo de los propietarios o comunidades de vecinos. El Ayuntamiento de A Coruña considera sanción leve estos actos y establece multas de entre 750 a 3.000 euros.

 

Fuente: LA VOZ DE GALICIA

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